Las Monarquías y El Poder
- Julio Martínez
- Sep 15, 2020
- 4 min read

El origen del ser humano data de hace muchos miles de años. El Homo Sapiens, la subespecie a la que todos pertenecemos, apareció hace unos 200.000 a 160.000 años. Sin embargo, una primera especie de apariencia humana data de hace 2.5 millones de años aproximadamente. Los primeros seres humanos eran cazadores recolectores, ubicados originalmente en África, decidieron emigrar y extenderse por todos los lugares de la tierra a donde pudieran llegar. Al principio no tenían lenguaje ni escritura, no estaban organizados como sociedad, mucho menos practicaban algún culto religioso y la política era inexistente pues ellos sólo dedicaban sus vidas a cazar animales y recolectar frutos para sobrevivir, mucha veces en condiciones extremas de peligro y ambientes insoportables. Los primeros homos tenían un cerebro semejante al de otras miles de especies, sólo les servía para coordinar sus movimientos en su actividad de caza y supervivencia. No existía la noción del amor, del odio, del compromiso, mucho menos de las creencias religiosas. Eran semejantes a muchas especies animales actuales que matan por necesidad de alimentarse pero nunca por placer o conveniencia social. Llega un momento en la evolución del cerebro de ese Homo Sapiens en que empieza a pensar, deducir y preguntar, y ello lo conduce a no encontrar explicación a muchas cosas de su vida cotidiana. Va transcurriendo el tiempo y sus ansias de saber más le producen mayor ignorancia al punto que a todo lo que no le encuentra explicación le da un fundamento, un origen fuera de este mundo, y así nacen las primeras religiones. El Homo Sapiens crece en población, se extiende cada vez más y se da cuenta que ya no basta con cazar animales y recolectar frutos silvestres, también necesita dominar y tener poder sobre otros de la misma especie y en ese momento se organiza en grupos y empiezan a nacer los estratos, las castas, las escalas de esa primitiva agrupación de seres humanos. No existía el dinero, luego no había cómo ponerle precio a las propiedades, el valor lo daba la fuerza, la potencia para destruir o crear. No obstante, el Homo Sapiens siguió sin poder dar explicación a muchas cosas y para ello utilizó la religión, creó Dioses, y muchos fueron aún mas osados e inteligentes y se hicieron venerar como dioses ellos mismos, a hacerse ver como los “elegidos” de un Dios y de igual modo sus descendientes directos. Un ejemplo clásico de ello son los Faraones Egipcios. Es con esa base de poder religioso, económico y político como nacen las monarquías, las realezas, con diversos nombres en muchísimos lugares del planeta, y todas ellas con el principal objetivo de dominar, de mantener a perpetuidad el poder y los privilegios de ser “elegidos”, de ser “especiales” y de no permitir mezclarse con el común de sus súbditos. Las monarquías son aberraciones que aún existen en nuestro mundo y que desde el punto de vista biológico y antropológico no deberían seguir existiendo. Sin embargo, desde el aspecto político, religioso, social, encuentran sustento y justificación. Hay monarquías de todo tipo, la Británica y Española entre otras, conformada por familias que heredan sus tronos y títulos entre ellos mismos y que son fieles devotos protestantes o Católicos; la del Vaticano, de los Papas, que heredan el trono de un Dios entre ellos mismos así no sean familiares; la de los emperadores japoneses, quienes son la máxima autoridad de la religión Shinto, a ellos su pueblo los venera al grado de sacrificar su vida por el emperador de turno; la de los Jeques Árabes, soberanos que acumulan riquezas producto del petróleo y se respaldan con su religión Islámica. Al comparar las diferentes monarquías encontramos que gozan de mucho poder económico, político, social y militar en su mayoría y casi sin excepción, todas se respaldan con su respectiva religión, la usan para sus intereses, es una herramienta para diferenciarse de sus súbditos o fieles pues se inventaron el cuento e idea mentirosa de ser los elegidos de un Ser Supremo, llámese Dios o cualquier otro nombre. También es norma que las monarquías requieren para su existencia a través del tiempo que se herede entre los mismos familiares, sin importar sus condiciones físicas o intelectuales, al tiempo que transmiten sus creencias religiosas a los que han de poseer la Corona en algún momento. Las monarquías gozan de mucho poder, pero lo que más los hace poderosos son los millones de súbditos que desde que nacen se ven sometidos a ser fieles seguidores de la realeza, llegando a dar sus vidas por ese Rey o Emperador como sucede en Japón. Las ansias de poder y de control que muchos seres humanos desarrollan en sus vidas los llevan a ejecutar acciones de toda índole, legales o ilegales para conseguir el trono y luego mantenerse a perpetuidad en él. En nuestro país, Colombia, es muy probable que muchas de las familias que han gobernado y controlado la nación desde que ésta existe, están dispuestas a hacer todo lo que esté a su alcance para crear los títulos nobiliarios que los aclamen como Reyes y a sus familias miembros de la realeza. En Colombia, como sucede en muchos países, existen reinas para todo, la de belleza, la de la coca, la del bambuco, la del café, y muchas más que se imaginen, contando con la de la casa. Los Reyes también son muchos, disfrazados de Presidentes, industriales, militares y en últimas, los menos importantes, aquellos que nacieron con ese apellido. Las monarquías seguirán existiendo mientras existan los súbditos, el poder lo seguirán manejando aquellos que se valen de lo que sea para no soltarlo, la religión seguirá pegada a las monarquías y muchos se aprovechan de la religión para crear sus reinados de explotación y esclavismo, el control de la política seguirá perseguida por muchos corruptos en nuestro país a los cuales sólo les interesa su propio bienestar y exclusivamente para sus familiares y amigos, como herencia de la “realeza corrupta”. Ya llegará la hora en que todo eso cambie. JULIO CESAR MARTINEZ TRIANA



Comments